lunes, 19 de diciembre de 2011

ALGUNAS PALABRAS


Es fácil imaginar que, para los navegantes de otras épocas, que recorrían los mares en busca de vientos que los favorecieran, nada podría haber más oportuno que un viento que empujara sus velas hacia el puerto anhelado. Ése es precisamente el origen de la palabra *oportuno*, que aparece por primera vez en castellano hacia 1440, tomada del latín *opportunus* (cómodo, bien situado, oportuno), formada por *op* (hacia) y *portus* (puerto), literalmente, 'hacia el puerto'.
Rosario

Aunque el rosario suele ser identificado como una forma de oración de los católicos, lo cierto es que esa pieza es usada también para las oraciones por los islámicos, los budistas y los hinduistas que usan rosarios de treinta y tres, ciento ocho y ciento doce cuentas, respectivamente.
El nombre proviene del latín rosarium, que significa 'jardín de rosas'. Esto ocurre porque el rosario de los católicos se enlaza con el simbolismo de la rosa, que representa a la Virgen María, y el jardín de rosas, que simboliza el paraíso. La palabra española rosario aparece registrada por primera vez en esta lengua en 1591.
Período

Antes de ir a esta palabra, quedémonos por un momento en su grafía. Oímos con frecuencia que "período puede escribirse sin tilde, porque así está en el Diccionario de la Academia". En realidad, período se puede pronunciar con el acento en la i o también en la primera o, como ocurre en algunos lugares de España y regiones rurales de América. En el primer caso, debe ponerse tilde sobre la i para romper el diptongo io. En el segundo caso, cuando el acento prosódico cae sobre la primera o, no lleva tilde por tratarse de palabra grave terminada en vocal. Aunque ambas formas son correctas, debemos escribir de acuerdo con la forma como pronunciamos.
La palabra proviene del latín periodos, formada por el prefijo griego peri- (alrededor) y hodós (viaje, camino), o sea, 'el tiempo que dura un viaje o una actividad'. Hodós está presente en nuestra lengua en otras palabras, como en éxodo, formada por el prefijo ex- (hacia fuera) y hodós. Período es el tiempo de duración de algún acontecimiento, así como el tiempo que tarda un cuerpo celeste en dar una vuelta completa en su órbita.
Frugal

El origen de la palabra fruta es posible rastrearlo hasta la propia prehistoria de la Humanidad. En efecto, los pueblos indoeuropeos del período neolítica usaban la raíz bhrüg- que designaba entre ellos a los frutos de la tierra y, más genéricamente, a las ideas de 'disfrutar' o 'aprovechar' y a partir de la cual se formaría más tarde el vocablo latino fructus.
Entre los romanos, el hombre de hábitos moderados para comer, que se conforma apenas con los frutos de la tierra, fue calificado mediante el adjetivo frugalis, que daría lugar en nuestra lengua a frugal.
Fetiche

A partir del participio pasivo de hacer, 'hecho', se formó hacia fines del siglo xv en español la palabra 'hechizo', como 'artificio supersticioso de que se valen los hechiceros', según definía en el Diccionario español-latino (1495) de Antonio de Nebrija.
'Hechicero', palabra también formada a partir de 'hacer' ya aparecía registrada en nuestra lengua desde Calila y Dimna, un libro de cuentos anónimo traducido del árabe por iniciativa de Alfonso X. 'Hechicero' y 'hechizo' pasaron al portugués como feiticeiro y feitiço, respectivamente. Esta segunda palabra portuguesa pasó luego al francés como fetiche y más tarde al inglés como fetish para denominar objetos de hechicería africana, tales como amuletos y talismanes. Posteriormente, reingresó al castellano con este significado bajo una nueva forma: fetiche.
Jugando con el carácter mágico de los fetiches, el filósofo alemán Karl Marx adoptó la palabra para referirse al "fetichismo de la mercancía", por el cual, según él, un producto manufacturado oculta las relaciones de explotación bajo las cuales fue producido.
Más adelante, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, retomó la palabra fetiche para referirse a ciertos fenómenos observados en su práctica clínica, en los cuales el interés sexual de algunos pacientes aparecía desplazado hacia objetos vinculados indirectamente a su objeto sexual, tales como prendas de ropa, mechones de cabello, etc.
Pretexto

Cuando compramos una prenda de ropa o un corte de tela difícilmente se nos ocurrirá pensar cómo fue confeccionado, cómo se llegó, desde la lana en la oveja o desde el algodón en rama hasta la prenda lista para vestir.
Antiguamente los tejidos se hacían en casa o en talleres de artesanos, y el proceso de fabricación era seguido más de cerca -y conocido- por toda la gente, lo que explica las numerosas metáforas de origen textil que dieron origen a muchas palabras de nuestra lengua.
Una de ellas es pretexto, registrada en español a partir del siglo XVII con su significado actual, derivada del latín praetextus, que era el participio pasivo del verbo praetexere 'poner un bordado o tejido delante de una pieza de ropa'. De praetextus surgió también praetexta, que era el nombre de una toga adornada con una franja de color púrpura. De ahí se fue derivando hacia el significado actual de pretexto que no es otra cosa que un adorno que, como un bordado, se pone delante de los hechos para tornarlos más aceptables.
Viaje

Los romanos llevaron a todos los rincones del Imperio la tecnología imperial de los acueductos, desarrollada inicialmente en Roma, que más tarde les permitió irrigar áreas secas en diversas regiones. En España se destacó el acueducto de Segovia, -construido bajo el gobierno de Claudio I, a mediados del siglo I d.de C.- cuyos arcos monumentales sostenían el camino del agua sorteando desniveles de hasta 30 metros para llevar el agua a las zonas más elevadas de la ciudad.
Algunos viaductos menos conocidos eran subterráneos, es decir que transportaban el agua por debajo de la tierra. Eran los "caminos del agua" o, para los romanos via aquae, expresión que los mozárabes de Castilla adaptaron a su lengua, pronunciando viaje. Cuando esta palabra madrileña llegó a la lengua española, significó 'el camino subterráneo del agua', acepción que luego se fue extendiendo a otros caminos a cielo abierto y a otros viajeros diferentes del agua.
Asesino

Un fanático musulmán del siglo XI -hoy diríamos 'integrista'- conocido como 'el Viejo de la Montaña', capitaneaba en Siria un pequeño ejército que utilizaba para ejecutar cruentas venganzas políticas y someter así por el terror a la población de la región. Para estimular aún más la crueldad de sus hombres, los obligaba a consumir hachís -la droga extraída del cáñamo de la India (en árabe, hassís)- antes de salir de correrías, con lo que los guerreros se tornaban más crueles y despiadados aún. Por esa razón, los secuaces del 'Viejo de la Montaña' eran llamados hassasí, que en árabe significa 'consumidor de hachís', pero la palabra no tardó en ser usada también para designar a los matadores. El anciano líder tuvo sucesores que continuaron con los mismos sangrientos métodos de dominación, hasta que el último de ellos fue capturado y ejecutado sumariamente por Gengis Khan. La palabra aparece usada por primera vez en español hacia 1300, pero su escritura varió muchas veces hasta el siglo XVIII, cuando el Diccionario de la Lengua Española le dio su forma definitiva. Durante los cuatro siglos anteriores, se habían registrado variantes: anxixín, assesino, asesigno, acecino, assasino y assesino. Este vocablo, que fue traído del Cercano Oriente por los cruzados, llegó también al francés, assassin, y al italiano y portugués¸ assassino.
Satélite

A pesar de que se sabe desde hace varios siglos que la Luna es satélite de la Tierra y que muchos otros planetas, como Júpiter o Saturno, tienen satélites, lo cierto es que esta palabra se tornó de uso cotidiano sólo a partir de 1957, cuando la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial, el Sputnik. Pocos imaginaban por entonces que aquella novedad –que era vista como una hazaña tecnológica, pero sin mayores consecuencias prácticas– tendría una importancia tan fundamental en las telecomunicaciones del mundo de hoy. El vocablo español proviene del latín satelles, satellitis, usado por los romanos para designar a los soldados de la escolta personal de un príncipe o emperador. Posteriormente, por una bella metáfora, la palabra pasó a designar, aún en latín, a los cuerpos celestes que orbitan en torno de algunos planetas.
Ladrón

Los mercenarios que formaban parte de la escolta de los emperadores de Roma se llamaban latro, latronis, y el verbo latrocinare significaba 'servir en el ejército'.
Con la descomposición del Imperio Romano, la paga de los latronis empezó a demorarse hasta que terminó por no llegar más, con lo que, por tratarse de asalariados que tenían el derecho de portar armas, terminaron por convertirse en ladrones y salteadores, dando lugar al significado actual de ladrón y latrocinio.
Migraña

La palabra griegaKranion era el diminutivo deKranos  (casco, yelmo y, más tarde, cráneo), que llegó al español hacia 1580 como cráneo, con su significado actual. Al dolor de cabeza que afecta sólo una parte de la cabeza (jaqueca) los griegos lo llamaron hemikranea  y los latinos hemicrania, mediante la yuxtaposición del prefijo hemi (medio), o sea, que afectaba la mitad y kranion. Finalmente, llegó al español como ‘hemicránea’, pero en el habla popular este vocablo culto no demoró en convertirse en migraña . El Diccionario de la Real Academia recoge hoy ambas formas, hemicranea  y  migraña , aunque en ninguno de los dos artículos se hace referencia al otro.

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