martes, 24 de abril de 2012

DIME DE QUE PRESUMES

Hace unos días me di cuenta de que hay personas en este mundo que aún no han revisado en el diccionario el significado de humildad. Creo yo que puede ser porque por ahí hace algunos años unos filósofos se pusieron a pensar en eso y tuvieron concepciones tan diferentes que al final tú agarras la que más te convenga.
Por ejemplo, Kant decía que la humildad era una meta-actitud que te permitía ver desde la perspectiva apropiada a la moral, sin embargo Nietzsche pensó más bien que ésta era una debilidad que escondía las decepciones en su interior.
Si bueno, esos filósofos si que piensan. Para mí, la humildad se refiere a cómo tú te proyectas a los demás sin afectar en nada a quienes te rodean, sino más bien buscando mejorar tú ambiente en la medida en qué tus conocimientos, habilidades y atributos te lo permitan.
Eso se refiere a todo. ¿Por qué harías un comentario degradante a alguien si ni tu mismo cumples con la “virtud” que profesas? ¿Por qué presumir que tienes X o Y, cuando te falta lo más importante en tu vida que es el amor? ¿Por qué pensar que pedir perdón es rebajarte o humillarte ante alguien? Todas estas preguntas y otras son simplemente algunas reflexiones que creo que todos debemos hacernos.

Debemos pensar en todo lo que tenemos por dar al mundo: conocimiento, esfuerzo, recursos y amor, y dejar atrás cualquier crítica que implique para cualquiera un insulto. Te digo por experiencia que es mejor que la gente reconozca tus méritos que tu alardear de ellos, es más emocionante escuchar de otros lo bueno que eres y no pregonarlo tu a los cuatro vientos. Tiene más mérito ser humilde, que profesar algo que no tienes.
Siempre debemos vernos a nosotros mismos grandes y con muchas fortalezas, buscando mejorar nuestras debilidades, siempre proyectándonos hacia los demás no como lo grande que somos, sino como aquellos en quien confiar en el momento en que más lo necesiten.

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