jueves, 22 de julio de 2010

CUESTION DE ACTITUD

Eran las nueve de la noche en un vagón del metro de cualquier ciudad del mundo. La gente volvía cansada del trabajo y se dirigía a su hogar. En ese transito entre el sitio de trabajo y el hogar, la mente de muchos de los viajeros no estaba ni en un sitio ni en otro pero tampoco en el metro, estaba en blanco.
Uno de ellos estaba cerca de la puerta de salida, de pie, inmóvil. Su mirada estaba perdida y nada de lo que ocurría en el vagón tenía que ver con él.
Ya sabéis mi debilidad por las paradojas pero ésta es realmente curiosa.
Se habla mucho en nuestros días del individualismo, de que cada uno mira por lo suyo y no mueve un dedo para hacer algo sino es a cobro revertido.Al mismo tiempo la TV está llena de programas donde cotillear en la vida de otros. También se insiste en que cada vez más la gente tiene menos tiempo para reflexionar sobre su vida, para reforzar sus cimientos, afrontar los golpes duros y eso se nota en la fragilidad de las relaciones de pareja, amistad y falta de compromiso a todos niveles: familiar, comunidad de vecinos, ayuntamiento, región, país,…
La globalización es paradójica, la individualidad tiene un doble sentido: por un lado cada individuo es insignificante pero por el otro, cualquier noticia puede dar la vuelta al mundo y cualquier iniciativa personal puede ganar adeptos a una velocidad que sorprende al propio interesado. Por un lado pensamos que involucrarnos en algo no servirá para cambiar nada pero ni siquiera tenemos tiempo para ocuparnos de nosotros mismos y nuestro tiempo libre lo pasamos metidos en la vida de los demás: en el cine, en un libro o en la TV.
A ti que paseas por la calle cabizbajo en el despertar de ésta primavera impaciente: despierta! Levanta la vista del suelo, cierra los ojos, mira el cielo y deja que el sol te de a la cara.
A ti que conduces agobiado por el tráfico: abre la ventanilla y deja que te de el aire.
A ti que te sientas en un rincón del tren: sácate los auriculares de tu mp3 y escucha una conversación ajena.
Tenemos los sentidos embotados: no prestamos atención a los olores de una pastelería; comemos mientras ojeamos (sin leer) el periódico, encendemos la TV para hacer más cómodo el silencio de una familia que no tiene nada que decirse o nos pasamos el día mirando la pantalla del ordenador.
Escuchamos poco a los que nos rodean pero no podemos estar sin ruido, no sabemos estar solos ni hacer de la convivencia con los demás algo más que el siemple respeto y tolerancia. Pienso que muchas veces se habla de tolerancia cuando se quiere decir indiferencia. Haz la prueba: verdad que no eres tan tolerante con aquellos que te importan y que, a fin de cuentas, amas? Verdad que luchas para tener una convivencia mejor aunque cueste? A ver si compartimos un poco más nuestras ideas, inquietudes, nuestro tiempo con los demás.

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