miércoles, 20 de marzo de 2013

CUIDAR EL AGUA



¿Sabías que se ha detectado un incremento de contaminantes emergentes en los ríos y acuíferos españoles?
Los contaminantes emergentes son restos de medicamentos o sustancias químicas que se han tirado a la basura o al inodoro que arrastrados por la lluvia llegan a los flujos de agua. La mayoría de ellos no son detectados por las depuradoras y su presencia en los ríos puede ocasionar daños graves en la salud humana y en el medio ambiente.
Empresas privadas e instituciones públicas están trabajando para averiguar cómo filtrar estos elementos nocivos. Éstas aseguran que el número de contaminantes emergentes no es fijo, ya que cada mes se descubre algo nuevo. La persistencia, la bio-acumulación y la transformación son los tres factores a los que se teme a largo plazo.
Los contaminantes emergentes son resistentes a la degradación fotoquímica y biológica, tienden a concentrarse en los tejidos corporales para transformarse en otras sustancias que pueden ser todavía más tóxicas que las iniciales.
Los primeros indicios de la presencia de este tipo de sustancias en acuíferos se detectaron en los años 70 con la detección de ácido cloríbrico en aguas residuales en EE.UU. Sin embargo, no fue hasta la década de los 90 cuando el tema se dio por preocupante. Aunque la mayoría de potabilizadoras estos elementos pasan desapercibidos, algunas cuentan con tratamientos de ozono y carbono activo capaces de retener algún contaminante. En la actualidad, dos grupos de científicos están realizando una monitorización muy completa de más de 300 contaminantes emergentes de diferentes grupos (fármacos, disruptores endocrinos, pesticidas solares,…) en cuatro ríos (Ebro, Júcar, Llobregat y Guadalquivir). El proyecto tiene como objetivo describir y predecir los efectos del cambio climático global en la posibilidad de recursos hídricos, en la calidad del agua y en los servicios que prestan los ecosistemas de las cuencas mediterráneas de la Península Ibérica.
Se estudian tecnologías combinadas que utilizan ozono, radiación ultravioleta, peróxido y materiales nanoestructurados que puedan ser utilizados como elementos en procesos de desinfección fotocatalítica.

LOS EECTOS SALUDABLES DEL SOL



 La helioterapia se basa en el poder curativo de los rayos solares.
El sol tiene muchos efectos saludables para nuestro organismo. Los rayos solares nos aportan calor, energía, vitalidad y ánimo. La luz que recibimos a través de nuestros ojos activa unas glándulas del cerebro que alejan los sentimientos de tristeza y evitan la aparición de depresiones.
Los beneficios del sol en nuestro cuerpo son diversos y muy decisivos.
Las curas de sol son la forma más eficaz de sistematizar la helioterapia. Se pueden realizar en distintas zonas ambientales o climáticas, ya sea en el mar o en la montaña, y se pueden realizar tanto en invierno como en verano. La forma más habitual de tomarlas es la de la exposición progresiva del cuerpo durante un periodo de tiempo a las radiaciones solares. Así, las primeras sesiones son de corta duración y van aumentando de forma progresiva (de diez minutos a una hora). A su vez, la piel expuesta al sol es cada día mayor hasta abarcar todo el cuerpo al final el tratamiento.
El mar refleja una gran cantidad de radiaciones solares, mientras que en la montaña se dispersa muy poca energía solar, al no tener que atravesar las capas de aire y polvo que cubren las zonas bajas. En la ciudad el aprovechamiento es menor, ya que el polvo absorbe las radiaciones.
El sol favorece una buena circulación sanguínea y proporciona una mayor riqueza y pureza de la sangre. También, aumenta las defensas del organismo, produce un fortalecimiento general e incluso un mayor desarrollo muscular. Además, provoca un efecto tonificante en personas deprimidas y una disminución del dolor en los enfermos.
Veamos como el sol puede ayudar a tu organismo:
-En la piel: incrementa el flujo de sangre arterial debido a la dilatación por el calor de los capilares sanguíneos. Los rayos solares de una determinada longitud de ondas destruyen las bacterias que se encuentran sobre la piel antes de que éstas se vuelvan peligrosas para la salud.
-En la sangre y el sistema circulatorio: se produce una aceleración de la circulación sanguínea, un ligero aumento de los latidos cardíacos y de la frecuencia y profundidad de la respiración. Este supone una mejor oxigenación de la sangre y una mayor eliminación de CO2.
-La secreción hormonal: los rayos del sol actúan sobre el hipotálamo, la estructura del sistema nervioso central que dirige las funciones corporales.
-El cabello: el sol favorece el crecimiento capilar. La piel al estar mayor irrigada, hay un mayor aporte de sustancias nutritivas a la raíz capilar. Gracias a ello, los cabellos crecen casi 2 centímetros al mes.
-Los huesos: los rayos solares ayudan a que las células de la piel produzcan vitamina D, imprescindible para el metabolismo óseo relacionado con el calcio.
Como vemos, el sol tiene muchos efectos beneficiosos para el cuerpo humano pero un exceso de sol puede ser altamente perjudicial.

martes, 19 de marzo de 2013

EL PAPA I

Seguro que has leído ya muchas noticias, análisis y opiniones sobre el Papa Francisco I. Yo sólo quiero mostrarte 6 fotos suyas, porque una imagen vale más que mil palabras. No opino sobre él, sólo pongo fotos y datos. Saca tus propias conclusiones…
francisco i papa en el metro underground
El Papa Francisco I en metro
francisco i papa autobus metro
En autobús. Renunció vivir en el palacio arzobispal y vive en un apartamento, donde se hace la comida. Se negó a usar coche oficial.
francisco i papa futbol san lorenzo de almagro
Le gusta el fútbol: es del equipo San Lorenzo de Almagro
francisco i papa casa donde nacio
La casa donde nació y vivió los primeros años de su vida (Argentina)
francisco i papa bebe mate
Bebe mate, es muy humano y sencillo…
francisco i papa enfermos sida
… y siente especial debilidad por los enfermos. Aquí con un enfermo de sida.

FRANCISCO I



El Papa Francisco I paga sus cuentas y no usa su coche oficial

El nuevo Papa Francisco I ya comienza a dar muestras de la austeridad que se le atribuye. Ayer pidió a los obispos argentinos que, en lugar de ir a Roma visitarle, hicieran alguna acción por los más necesitados. Además paga sus cuentas y ha renunciado al coche oficial.


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El Papa Francisco I paga sus cuentas y no usa su coche oficial 
 
Poco a poco se van conociendo las costumbre de Jorge Mario Bergoglio, ahora ya Francisco I, qu  dio la sorpresa al mundo alresultar elegido Papa . Llama la atención que sigue pagando sus cuentas y no le gusta usar el coche oficial.
Así se desprende de las palabras de los voceros vaticanos, que han asegurado que el Pontífice se dirigió a la Casa Internacional del Clero, donde reside cuando viaja a Roma, donde tenía sus pertenencias, lo que indica que esperaba volver a Argentina, por lo que la elección también le sorprendió a él. Además, no ha querido marcharse de su residencia sin abonar la cuenta de su estancia para dar ejemplo.
El jefe de la sala de Prensa del Vaticano, el padre Federico Lombardi, ha precisado también que, por lo que se ha podido percibir en la actuación y forma de ser del Papa Francisco -que habla español, italiano, inglés, francés y alemán--, "ha llegado un nuevo estilo de cercanía", algo que se ha visto, por ejemplo, en los medios de transporte que utiliza, ya que ha preferido no usar coche oficial.
Además, sobre cómo conciliar la seguridad pontificia con el estilo del nuevo Papa, ha explicado que "la seguridad está en función del estilo pastoral que adopta el Papa" de forma que "no es el Papa el que se encasilla en unas normas rígidas sino la seguridad al servicio del Papa". En este sentido, ha recordado cómo Juan Pablo II se saltaba el protocolo de seguridad y se acercaba a la gente.
En cuanto al estilo que apuntan sus primeras palabras y gestos, Lombardi ha señalado que "todavía es muy pronto" y que hay que tener más elementos de juicio para hacer una valoración que no sea superficial. Sin embargo, ha recordado que este Papa tiene "una trayectoria muy de ejercicio pastoral directo al frente de una gran diócesis como la de Buenos Aires y de una relación muy directa con el pueblo, con los más humildes y sencillos". "Habrá que esperar a la misa de inauguración para poder atisbar los rasgos de su espiritualidad y de su pensamiento", ha indicado.
El Pontífice ya dio muestras de su estilo cuando apareció ante los fieles que le esperaban en la Plaza de San Pedro. Entonces pudo vérsele con una sotana blanca y una cruz de plata como único elemento decorativo.

lunes, 18 de marzo de 2013

MATRIMONIO Y FAMILIA

Reflexiones del Papa Benedicto XVI sobre el matrimonio y la familia.

El Papa Benedicto XVI ofreció unas reflexiones sobre el significado del matrimonio y la familia en el plan de Dios, creador y salvador.
Discurso que dirigió  el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Juan de Letrán para presidir la apertura del Congreso Eclesial de la Diócesis de Roma sobre «Familia y comunidad cristiana: formación de la persona y transmisión de la fe».


Queridos hermanos y hermanas:

He acogido con mucho gusto la invitación de introducir con una reflexión este congreso diocesano, ante todo porque me da la posibilidad de encontrarme con vosotros, de tener un contacto directo, y después porque me permite ayudaros a profundizar en el sentido y objetivo del camino pastoral que está recorriendo la Iglesia de Roma.

Os saludo con afecto a cada uno vosotros, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y en particular a vosotros, laicos y familias, que asumís conscientemente esas tareas de compromiso y testimonio cristiano que tienen su raíz en el sacramento del bautismo y para aquellos que están casados, en el del matrimonio. Doy las gracias de corazón al cardenal vicario y a los esposos Luca y Adriana Pasquale por las palabras que me han dirigido en vuestro nombre.

Este congreso, y el año pastoral al que ofrecerá las líneas guía, constituyen una nueva etapa en el recorrido que la Iglesia ha comenzado, basándose en el Sínodo diocesano, con la misión ciudadana querida por nuestro querido Papa Juan Pablo II, en preparación del gran Jubileo del año 2000. En aquella misión todas las realidades de nuestra diócesis --parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos-- se movilizaron no sólo con motivo de una misión al pueblo de Roma, sino también para ser ellas mismas «pueblo de Dios en misión», poniendo en práctica la acertada expresión de Juan Pablo II «parroquia, búscate y encuéntrate fuera de ti misma»: es decir, en los lugares en los que vive la gente. De este modo, en el transcurso de la misión ciudadana, muchos miles de cristianos de Roma, en gran parte laicos, se convirtieron en misioneros y llevaron la palabra de la fe en primer lugar a las familias de los diferentes barrios de la ciudad y después en los diferentes lugares de trabajo, en los hospitales, en la escuelas y en las universidades, en los espacios de la cultura y del tiempo libre.

Después del Año Santo, mi amado predecesor os pidió que no interrumpáis este camino y que no disperséis las energías apostólicas suscitadas y los frutos de gracia recogidos. Por ello, a partir del año 2001, la orientación pastoral fundamental de la diócesis ha sido la de conformar permanentemente la misión, caracterizando en sentido más decididamente misionero la vida y las actividades de las parroquias y de cada una de las demás realidades eclesiales. Quiero deciros ante todo que quiero confirmar plenamente esta opción: se hace cada vez más necesaria y sin alternativas, en un contexto social y cultural en el que actúan fuerzas múltiples que tienden a alejarnos de la fe y de la vida cristiana.

Desde hace ya dos años, el compromiso misionero de la Iglesia de Roma se ha concentrado sobre todo en la familia, no sólo porque esta realidad humana fundamental es sometida hoy a múltiples dificultades y amenazas, y por tanto tiene particular necesidad de ser evangelizada y apoyada concretamente, sino también porque las familias cristianas constituyen un recurso decisivo para la educación en la fe, la edificación de la Iglesia como comunión y su capacidad de presencia misionera en las situaciones más variadas de la vida, así como para fermentar en sentido cristiano la cultura y las estructuras sociales. Continuaremos con estas orientaciones también en el próximo año pastoral y por este motivo el tema de nuestro congreso es «Familia y comunidad cristiana: formación de la persona y transmisión de la fe». El presupuesto por el que hay que comenzar para comprender la misión de la familia en la comunidad cristiana y sus tareas de formación de la persona y de transmisión de la fe, sigue siendo siempre el significado que el matrimonio y la familia tienen en el designio de Dios, creador y salvador. Éste será por tanto el meollo de mi reflexión de esta tarde, remontándome a la enseñanza de la exhortación apostólica «Familiaris consortio» (segunda parte, números 12-16).

El fundamento antropológico de la familia

Matrimonio y familia no son una construcción sociológica casual, fruto de situaciones particulares históricas y económicas. Por el contrario, la cuestión de la justa relación entre el hombre y la mujer hunde sus raíces en la esencia más profunda del ser humano y sólo puede encontrar su respuesta a partir de ésta. No puede separarse de la pregunta siempre antigua y siempre nueva del hombre sobre sí mismo: ¿quién soy? Y esta pregunta, a su vez, no puede separarse del interrogante sobre Dios: ¿existe Dios? Y, ¿quién es Dios? ¿Cómo es verdaderamente su rostro? La respuesta de la Biblia a estas dos preguntas es unitaria y consecuencial: el hombre es creado a imagen de Dios, y Dios mismo es amor. Por este motivo, la vocación al amor es lo que hace del hombre auténtica imagen de Dios: se hace semejante a Dios en la medida en que se convierte en alguien que ama.

De este lazo fundamental entre Dios y el hombre se deriva otro: el lazo indisoluble entre espíritu y cuerpo: el hombre es, de hecho, alma que se expresa en el cuerpo y cuerpo que es vivificado por un espíritu inmortal. También el cuerpo del hombre y de la mujer tiene, por tanto, por así decir, un carácter teológico, no es simplemente cuerpo, y lo que es biológico en el hombre no es sólo biológico, sino expresión y cumplimiento de nuestra humanidad. Del mismo modo, la sexualidad humana no está al lado de nuestro ser persona, sino que le pertenece. Sólo cuando la sexualidad se integra en la persona logra darse un sentido a sí misma.

De este modo, de los dos lazos, el del hombre con Dios y --en el hombre-- el del cuerpo con el espíritu, surge un tercer lazo: el que se da entre persona e institución. La totalidad del hombre incluye la dimensión del tiempo, y el «sí» del hombre es un ir más allá del momento presente: en su totalidad, el «sí» significa «siempre», constituye el espacio de la fidelidad. Sólo en su interior puede crecer esa fe que da un futuro y permite que los hijos, fruto del amor, crean en el hombre y en su futuro en tiempo difíciles. La libertad del «sí» se presenta por tanto como libertad capaz de asumir lo que es definitivo: la expresión más elevada de la libertad no es entonces la búsqueda del placer, sin llegar nunca a una auténtica decisión. Aparentemente esta apertura permanente parece ser la realización de la libertad, pero no es verdad: la verdadera expresión de la libertad es por el contrario la capacidad de decidirse por un don definitivo, en el que la libertad, entregándose, vuelve a encontrarse plenamente a sí misma.

En concreto, el «sí» personal y recíproco del hombre y de la mujer abre el espacio para el futuro, para la auténtica humanidad de cada uno, y al mismo tiempo está destinado al don de una nueva vida. Por este motivo, este «sí» personal tiene que ser necesariamente un «sí» que es también públicamente responsable, con el que los cónyuges asumen la responsabilidad pública de la fidelidad, que garantiza también el futuro para la comunidad. Ninguno de nosotros se pertenece exclusivamente a sí mismo: por tanto, cada uno está llamado a asumir en lo más íntimo de sí su propia responsabilidad pública. El matrimonio, como institución, no es por tanto una injerencia indebida de la sociedad o de la autoridad, una imposición desde el exterior en la realidad más privada de la vida; es por el contrario una exigencia intrínseca del pacto de amor conyugal y de la profundidad de la persona humana.

Las diferentes formas actuales de disolución del matrimonio, como las uniones libres y el «matrimonio a prueba», hasta el pseudo-matrimonio entre personas del mismo sexo, son por el contrario expresiones de una libertad anárquica que se presenta erróneamente como auténtica liberación del hombre. Una pseudo-libertad así se basa en una banalización del cuerpo, que inevitablemente incluye la banalización del hombre. Su presupuesto es que el hombre puede hacer de sí lo que quiere: su cuerpo se convierte de este modo en algo secundario, manipulable desde el punto de vista humano, que se puede utilizar como se quiere. El libertinaje, que se presenta como descubrimiento del cuerpo y de su valor, es en realidad un dualismo que hace despreciable el cuerpo, dejándolo por así decir fuera del auténtico ser y dignidad de la persona.

Matrimonio y familia en la historia de la salvación

La verdad del matrimonio y de la familia, que hunde sus raíces en la verdad del hombre, ha encontrado aplicación en la historia de la salvación, en cuyo centro está la palabra: «Dios ama a su pueblo». La revelación bíblica, de hecho, es ante todo expresión de una historia de amor, la historia de la alianza de Dios con los hombres: por este motivo, la historia del amor y de la unión de un hombre y de una mujer en la alianza del matrimonio ha podido ser asumida por Dios como símbolo de la historia de la salvación. El hecho inefable, el misterio del amor de Dios por los hombres, toma su forma lingüística del vocabulario del matrimonio y de la familia, en positivo y en negativo: el acercamiento de Dios a su pueblo es presentado con el lenguaje del amor conyugal, mientras que la infidelidad de Israel, su idolatría, es designada como adulterio y prostitución.

En el Nuevo Testamento, Dios radicaliza su amor hasta convertirse Él mismo, por su Hijo, en carne de nuestra carne, auténtico hombre. De este modo, la unión de Dios con el hombre ha asumido su forma suprema, irreversible y definitiva. Y de este modo se traza también para el amor humano su forma definitiva, ese «sí» recíproco que no se puede revocar: no enajena al hombre, sino que lo libera de las alienaciones de la historia para volverle a colocar en la verdad de la creación. El carácter sacramental que el matrimonio asume en Cristo significa, por tanto, que el don de la creación ha sido elevado a gracia de redención. La gracia de Cristo no se superpone desde fuera a la naturaleza del hombre, no la violenta, sino que la libera y la restaura, al elevarla más allá de sus propias fronteras. Y así como la encarnación del Hijo de Dios revela su verdadero significado en la cruz, así también el amor humano auténtico es entrega de sí mismo, no puede existir si evita la cruz.

Queridos hermanos y hermanas, este lazo profundo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios y el amor humano, es confirmado también por algunas tendencias y desarrollos negativos, cuyo peso experimentamos todos. El envilecimiento del amor humano, la supresión de la auténtica capacidad de amar se presenta en nuestro tiempo como el arma más eficaz para que el hombre aplaste a Dios, para alejar a Dios de la mirada y del corazón del hombre. Ahora bien, la voluntad de «liberar» la naturaleza de Dios lleva a perder de vista la realidad misma de la naturaleza, incluida la naturaleza del hombre, reduciéndola a un conjunto de funciones, de las que se puede disponer según sus propios gustos para construir un presunto mundo mejor y una presunta humanidad más feliz; por el contrario, se destruye el designio del Creador y al mismo tiempo la verdad de nuestra naturaleza.

Los hijos

También en la procreación de los hijos el matrimonio refleja su modelo divino, el amor de Dios por el hombre. En el hombre y en la mujer, la paternidad y la maternidad, como sucede con el cuerpo y con el amor, no se circunscriben al aspecto biológico: la vida sólo se da totalmente cuando con el nacimiento se ofrecen también el amor y el sentido que hacen posible decir sí a esta vida. Precisamente por esto queda claro hasta qué punto es contrario al amor humano, a la vocación profunda del hombre y de la mujer, el cerrar sistemáticamente la propia unión al don de la vida y, aún más, suprimir o manipular la vida que nace.

Ahora bien, ningún hombre y ninguna mujer, por sí solos y sólo con sus propias fuerzas, pueden dar adecuadamente a los hijos el amor y el sentido de la vida. Para poder decir a alguien: «tu vida es buena, aunque no conozca tu futuro», se necesitan una autoridad y una credibilidad superiores, que el individuo no puede darse por sí solo. El cristiano sabe que esta autoridad es conferida a esa familia más amplia que Dios, a través de su Hijo, Jesucristo, y del don del Espíritu Santo, ha creado en la historia de los hombres, es decir, a la Iglesia. Reconoce la acción de ese amor eterno e indestructible que asegura a la vida de cada uno de nosotros un sentido permanente, aunque no conozcamos el futuro. Por este motivo, la edificación de cada una de las familias cristianas se enmarca en el contexto de la gran familia de la Iglesia, que la apoya y la acompaña, y garantiza que hay un sentido y que en su futuro se dará el «sí» del Creador. Y recíprocamente la Iglesia es edificada por las familias, «pequeñas Iglesias domésticas», como las ha llamado el Concilio Vaticano II («Lumen gentium», 11; «Apostolicam actuositatem», 11), redescubriendo una antigua expresión patrística (san Juan Crisóstomo, «In Genesim serm.» VI,2; VII,1). En este sentido, la «Familiaris consortio» afirma que «el matrimonio cristiano… constituye el lugar natural dentro del cual se lleva a cabo la inserción de la persona humana en la gran familia de la Iglesia» (n. 15).

La familia y la Iglesia

De todo esto se deriva una consecuencia evidente: la familia y la Iglesia, en concreto las parroquias y las demás formas de comunidad eclesial, están llamadas a la más íntima colaboración en esa tarea fundamental que está constituida, inseparablemente, por la formación de la persona y la transmisión de la fe. Sabemos bien que para que tenga lugar una auténtica obra educativa no basta una teoría justa o una doctrina que comunicar. Se necesita algo mucho más grande y humano, esa cercanía, vivida diariamente, que es propia del amor y que encuentra su espacio más propicio ante todo en la comunidad familiar, y después en una parroquia o movimiento o asociación eclesial, en los que se encuentran personas que prestan atención a los hermanos, en particular, a los niños y jóvenes, así como a los adultos, los ancianos, los enfermos, las mismas familias, porque, en Cristo, les aman. El gran patrón de los educadores, san Juan Bosco, recordaba a sus hijos espirituales que «la educación es cosa de corazón y que sólo Dios es su dueño» («Epistolario», 4,209).

La figura del testigo es central en la obra educativa, y especialmente en la educación en la fe, que es la cumbre de la formación de la persona y su horizonte más adecuado: se convierte en punto de referencia precisamente en la medida en que sabe dar razón de la esperanza que fundamenta su vida (Cf. 1 Pedro 3,15), en la medida en que está involucrado personalmente con la verdad que propone. El testigo, por otra parte, no se señala a sí mismo, sino que señala hacia algo, o mejor, hacia Alguien más grande que él, con el que se ha encontrado y de quien ha experimentado una bondad confiable. De este modo, todo educador y testigo encuentra su modelo insuperable en Jesucristo, el gran testigo del Padre, que no decía nada por sí mismo, sino que hablaba tal y como el Padre le había enseñado (Cf. Juan 8, 28).

Este es el motivo por el que en el fundamento de la formación de la persona cristiana y de la transmisión de la fe está necesariamente la oración, la amistad personal con Cristo y la contemplación en él del rostro del Padre. Y lo mismo se puede decir de todo nuestro compromiso misionero, en particular, de nuestra pastoral familiar: que la Familia de Nazaret sea, por tanto, para nuestras familias y comunidades objeto de constante y confiada oración, así como modelo de vida.

Queridos hermanos y hermanas, y especialmente vosotros, queridos sacerdotes: soy consciente de la generosidad y la entrega con la que servís al Señor y a la Iglesia. Vuestro trabajo cotidiano por la formación en la fe de las nuevas generaciones, en íntima unión con los sacramentos de la iniciación cristiana, así como también por la preparación al matrimonio y por el acompañamiento de las familias en su camino, que con frecuencia no es fácil, en particular en la gran tarea de la educación de los hijos, es el camino fundamental para regenerar siempre de nuevo a la Iglesia y también para vivificar el tejido social de nuestra amada ciudad de Roma.

La amenaza del relativismo

Seguid, por tanto, sin dejaros desalentar por las dificultades que encontráis. La relación educativa es, por su misma naturaleza, algo delicado: implica la libertad del otro que, aunque sea con dulzura, de todos modos es provocada a tomar una decisión. Ni los padres, ni los sacerdotes, ni los catequistas, ni los demás educadores pueden sustituir a la libertad del niño, del muchacho, o del joven al que se dirigen. Y la propuesta cristiana interpela especialmente a fondo la libertad, llamándola a la fe y a la conversión. Un obstáculo particularmente insidioso en la obra educativa es hoy la masiva presencia en nuestra sociedad y cultura de ese relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, sólo tiene como medida última el propio yo con sus gustos y que, con la apariencia de la libertad, se convierte para cada quien en una prisión, pues separa de los demás, haciendo que cada quien se encuentre encerrado dentro de su propio «yo». En un horizonte relativista así no es posible, por tanto, una auténtica educación: sin la luz de la verdad antes o después toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su compromiso para construir con los demás algo en común.

Está claro, por tanto, que no sólo tenemos que tratar de superar el relativismo en nuestro trabajo de formación de personas, sino que estamos también llamados a enfrentarnos a su predominio destructivo en la sociedad y en la cultura. Por ello, es muy importante que, junto a la palabra de la Iglesia, se dé el testimonio y el compromiso público de las familias cristianas, en particular para reafirmar la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural, el valor único e insustituible de la familia fundada sobre el matrimonio y la necesidad de medidas legislativas y administrativas que apoyen a las familias en la tarea de engendrar y educar a los hijos, tarea esencial para nuestro futuro común. Por este compromiso vuestro también os doy las gracias de corazón.

Sacerdocio y vida consagrada

El último mensaje que quisiera dejaros afecta a la atención por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada: ¡todos sabemos la necesidad que tiene la Iglesia! Para que nazcan y maduren estas vocaciones, para que las personas llamadas se mantengan siempre dignas de su vocación, es decisiva ante todo la oración, que no debe faltar nunca en cada una de las familias y en la comunidad cristiana. Pero también es fundamental el testimonio de vida de los sacerdotes, de los religiosos y de las religiosas, la alegría que expresan por haber sido llamados por el Señor. Y es asimismo esencial el ejemplo que reciben los hijos dentro de su propia familia y la convicción en las familias de que la vocación de los hijos es también para ellas un gran don del Señor. La opción por la virginidad por amor de Dios y de los hermanos, que es exigida para el sacerdocio y la vida consagrada, está acompañada por la valoración del matrimonio cristiano: la una y la otra, con dos formas diferentes y complementarias, hacen en cierto sentido visible el misterio de la alianza entre Dios y su pueblo.

Queridos hermanos y hermanas, os confío estas reflexiones como contribución a vuestro trabajo en las noches del Congreso y después durante el próximo año pastoral. Le pido al Señor que os dé valentía y entusiasmo para que nuestra Iglesia de Roma, cada parroquia, cada comunidad religiosa, asociación o movimiento participe intensamente en la alegría y el esfuerzo de la misión y de este modo cada familia y toda la comunidad cristiana redescubra en el amor del Señor la clave que abre la puerta de los corazones y que hace posible una auténtica educación en la fe y en la formación de las personas. Mi afecto y mi bendición os acompañan hoy y en el futuro.

jueves, 14 de marzo de 2013

EJERCICIOS

La actividad física es necesaria en todos los seres humanos para estar en forma, y sobretodo cuando llegamos a una edad avanzada es mas necesaria que nunca. puede recurrir a nuestro  del adulto mayor si quiere estar en forma.

Realizar actividad física ya no es un problema de edad, sino de actitud para ejercitar a un ritmo pausado, donde se fortalecerá la musculatura. En solo 60 minutos de actividad física su actitud cambiará, su cuerpo lo sentirá. No importa la edad ni el tiempo, sino el querer hacerlo. Un pequeño esfuerzo cambiará su actitud de vida y salud.
cuenta con, el que está enfocado a personas adultas a partir de los 60 años, sedentarias,con sobrepeso, hipertensas, diabéticas y las que requieran retomar una actividad física.
Como implemento usamos bicicletas, mancuernas, colchonetas, barras, balones, bandas elásticas, etc.
FORTALECIMIENTO MUSCULAR
Evita posibles caídas, que pueden producir fracturas
Ayudan en el equilibrio, intentar pararse en un pie y luego en otro, sin afirmarse de nada.
Ejercicios de elongación, estiramiento, ayudan a la flexibilidad, a moverse con más facilidad.
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FISICA

lunes, 11 de marzo de 2013

AMOR DE AMIGOS

Tenemos que establecer una diferencia entre amor de amig@s y amor de amantes. En el amor de amantes, ambos unen estrechamente los centros intelectuales, emocionales, sexuales y corporales.Si uno tiene una idea, el otro aporta otra que la complementa. Si uno desborda cariño, el otro se convierte en cáliz para recogerlo sin perder una partícula. Si uno se inflama en el calor de la pasión, el otro se agrega entero a la hoguera, dejándose consumir. Si uno ofrece sus brazos, su piel, sus latidos, su materia entera, el otro establece su nido en ese cuerpo que le parece abarcar el universo entero… En el amor de amig@s, el centro sexual se reserva para otros enlaces y el cuerpo no se ofrece como hogar. L@s verdader@s amig@s caminan juntos, respetando los límites del otro, sin jamás violar las fronteras. Ahí no hay exclusividad ni celos, hay una total ayuda para que el otro despliegue sus alas y vaya en busca de lo único que en nuestro mundo industrial no puede comprarse ni venderse: el amor… El amor es total, abarca todos los centro y más. Cuando no es así, no es verdadero amor. El verdadero amor , como el universo, está en contínua expansión, nunca cesa de aumentar. Comienza por una semilla animal, necesidad de la compañía material y sexual, luego abre el corazón y deviene tierno, cariñoso … pero va a más… invade el espíritu, atraviesa el espacio hacia todas las direcciones hasta llenar al cosmos, perfora el tiempo y se hace eterno… En la amistad se asciende por otra escalera: se va del egoísmo a la generosidad hasta llegar al don de sí. Me uno al otro porque es mi igual, en él/ella se sacia mi sed de encontrar un espejo, alguien que es como yo, que me escucha y ve con infinita paciencia. Luego, si progresa mi conciencia, comienzo a compartir, “lo mío es tuyo, lo tuyo es mío, toda la sangre formando un río”… Compartimos los éxitos, los fracasos, las aventuras, los sueños… Por último, cuando conocemos la compasión y domamos a la muerte, ella ya no nos persigue sino que nos acompaña como una perra fiel, vemos lo efímero del otro, sabiendo que nos vamos pronto o tarde a perder..”Tú caminarás por tu sendero, yo por el mío. La fuerza de tu recuerdo me impulsará, alimentará mi alma cada día, pero tu presencia sólo será una ausencia sagrada”. La rosa se deshace, queda su perfume.